sábado, 27 de diciembre de 2014

LA LUZ SENCILLA DE LA MESETA

Carretera con la amarilla luz característica de las tardes soleadas de invierno en la meseta norte. Salida de una ciudad en la que la gente se afana en los preparativos para la noche de fin de año y el día de reyes. No veo nada, el coche se desliza suave por la carretera atestada de coches que pasan en todas las direcciones pero que no consigo enfocar. Hablamos pausado, dos horas y media, tal vez tres es todo lo que queda de un sueño largo que se tambaleó como se tambalean siempre los grandes sueños. Hablamos. Hablamos tranquilos; fundamentalmente de cómo es la vida. ¿Y ahora qué? ¿Cómo sigue el cuento?
Una cafetería acogedora con poca luz, dos cafés distintos, el tiempo no se para pero se espesa. Eco de palabras suspendidas en el aire de conversaciones tranquilas, o al menos, eso parece. En la calle se encienden las delirantes luces navideñas para hacernos soñar. Dentro nuestras palabras van y vienen pausadas... no hay duda estamos en uno de los círculos del duende. ¿Y si fuera verdad?
Demasiadas horas mirando y viendo, recompensa para un año que empezó distinto y acaba distinto. Pasos que resuenan sobre piedras desgastadas por millones de pisadas pronunciadas con la misma esperanza de lucha de siempre. Me engancho, aprieto, dudo... dudo igual que ante los delicados pasos de hielo en los múltiples confines de la tierra. Oigo el mantra de Tsewang rebotando contra el viento y la niebla allí arriba, recuerdo ojos llenos de lágrimas finas y frías abandonadas a miles de kilómetros. Recuerdo yemas de dedos despellejadas por rocas que no entienden de sentimientos y se limitan a estar allí agazapadas para tentar a los cazadores de sueños con su elegancia.
A lo lejos, la sierra nevada, desprende un halo azul al atardecer recortado por siluetas claras de bloques calcáreos acarreados con sufrimiento para mayor gloria de no se sabe muy bien quién... hace frío, las respiraciones están entrecortadas después de 156 escalones. Miro y te veo a la misma distancia de siempre; ni lejos, ni cerca... y... sueño, sueño... ¿Es posible dejar de soñar en un sitio así? Fotos, una tras otra. Después, cuando pase el tiempo, no mucho, las encontraremos perdidas en el rincón de una memoria enlatada e igual que si despertáramos de un sueño diremos: -si están aquí, es verdad, realmente estuvimos allí.
Una palabra tras otra no quiero que acabe, ya no puedo decir más.

Segovia desde la torre del Alcazar. 29/12/2014-18:20 h.


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