lunes, 18 de enero de 2010

QUIROGA 1.896, UN XEITO DISTINTO DE VIVIR O ENTROIDO.

Publicado no Periódico o Sil no especial de entroido do ano 2009.
Transcrición literal do orixinal pertencente a Dna. Aurita Taboada, que chegou ata as miñas mans no verán do ano 2.005 gracias a amabilidade de Dna. Mercedes Gutiérrez Anca.
O floreado relato amosa un entroido distinto, afastado das celebracións populares que sempre tiveron lugar nas terra de Quiroga e que poderían ser obxecto de futuras reflexións. O Touro de Bendilló o Meco dos Novaes, etc, constitúen un xeito ben distinto de vivir estas datas de festa.
Quiroga: 19 de febreiro de 1896, asinado: Juan José.

“Pobre, muy pobre es mi pluma para poder reseñar como quisiera y merecen las veladas que en las noches del último carnaval se han celebrado en la casa de Sáa, morada de mis respetables amigos los Srs. de Quiroga y Villamarín, en obsequio de sus numerosas y distinguidas relaciones.
Comenzaré esta revista, mejor dicho, este incompleto relato, suplicando a los Srs. de Sáa y de las hermosas damas que, con su presencia, hicieron del saloncito de baile un joyero de inapreciable valor, me otorguen su perdón, si ni soy fiel, en la relación que me propongo hacer de tan lucidos bailes, que habrán dejado imperecedero recuerdo en la memoria de todos los que tuvimos el honor de asistir; pues nunca podrá mi torpe pluma, haciendo veces de pincel, dar el verdadero colorido al cuadro que intento copiar y que es digno de ser descrito por un hábil artista.
La alegría, el solaz y esparcimiento era el sello característico que se reflejaba en el semblante de las hermosas damas, que, rindiendo culto Terpsícore, cruzaban bulliciosas el salón, ya al compás de vertiginosa vals, ya al pausado, severo y agitado-aristocrático rigodón.
Difícil me sería dar idea exacta del delicado gusto que han demostrado las damas en la elección de los trajes que, a no dudar, tenían mucho mérito, y mucho más teniendo en cuenta que fueron improvisados de momento.
Soy poco inteligente en esta materia, y ésta es la causa de no poder describirlos con el realce que merecen; pero confío en la excesiva bondad e indulgencia del bello sexo quirogués que sabrá perdonar las numerosas faltas en que incurra.
Por un momento, me creí, la noche del Domingo, hablando a la Alambra. ¡Qué agradable sorpresa al ver entrar en el salón aquel grupo de hermosas andaluzas que, bulliciosas, lo invadían, derrochando gracia en sus ingeniosas y discretas bromas!. ¡Qué delicioso cuadro!. A través de los huecos de elegantes antifaces, veíanse centellear luceros que sus reflejos electrizaban al que persistentemente las miraba, cautivando en sus rayos al sexo fuerte. Cortos fueron los momentos en que el impertinente antifaz cubrió aquellos semblantes. Libres ya de ellos, pudimos hacer esta observación: “Linda y graciosa es la mujer andaluza, pero no menos linda y graciosa es la gallega, que supera en arrogancia a la bética raza”.
Muy hermosa estaba la señorita Carmen Villamarín con aquel traje de manola, dando su negra mantilla gracioso marco a su semblante risueño y afable con todo el mundo. Nobles y bellos son los sentimientos que encierra dicha dama, deseosa siempre de complacer a los concurrentes, haciendo digna y discretamente los honores de la casa, con la delicadeza y modestia que le es peculiar. Su hermana, la angelical Amelia, lucía un caprichoso disfraz.
No poco han contribuído al esplendor de estas fiestas las señoritas Lola y Tula Quiroga, que, con su gracia, esbeltez y elegancia nos reproducían al más puro tipo andaluz, formando, con sus blancas mantillas primorosamente prendidas, envidiable modelo para el pincel de Goya.
La señorita María Taboada, tan bella como siempre. La esbeltez de su talle y el fuego de su mirada hacían cual fuerte imán a débil pluma metálica. ¡¡Qué ojos!!. No me extraña saquen de sus casillas a un conocido amigo mío.
No menos graciosa, bella y elegante estaba Margarita Domínguez. La pureza de sus líneas, la palidez mate de su semblante y la facultad de atraer, innata en ella, causaba admiración a cuantos tuvimos la dicha de contemplarla.
Las señoritas Pepita y Carmen Domínguez, tan bellas y discretas como siempre. Se presentaron en “toilete” de sala, reservando la sorpresa para las noches de lunes y martes.
La niña Julia Taboada formaba muy bonita pareja con Pío Quiroga, luciendo caprichosos disfraces.
Digna de encomio es en alto grado la complacencia con la Sra. de D.Juan Quiroga supo interpretar el deseo del elemento joven ejecutando, al piano, con gran maestría, escogidos y variables bailables. Yo, en nombre de los jóvenes y en el mío, doy las más expresivas gracias a dicha señora, elogiando muy mucho su excesiva amabilidad, así como también al Sr. Taboada (D. Inocencio) la no pequeña ayuda prestada a Remedios en tan penosa tarea.
Muy dignamente fueron hechos los honores de la casa por la Sra. de Villamarín que, con su amabilidad y dulzura, no perdonaba medio alguno de hacer gratas a los convidados las horas que, rápidamente, se pasaron en su casa.
Han asistido la Sra. Vda. de Guitián, Domínguez, Taboada, condesa de Torre-Novaes, Fernández del Valle y otras muchas cuyo nombre siento en el alma no poder recordar en este momento, suplicando me perdonen la omisión.
Eran próximante las doce cuando terminó el baile, retirándose los invitados altamente satisfechos, esperando, con ansia, el elemento joven la noche siguiente para reanudar el baile que tan gratas impresiones había dejado en todos los ánimos.
No menos concurrido estuvo el baile la noche del lunes.
Las damas llevaban por lema el conocido refrán: “En la variedad está el gusto”. Mudaron de disfráz, presentándose en animada comparsa de estudiantina, improvisando cuartetos muy adecuados al objeto, demostrando la facilidad que en versificar tenían las señoritas que la componían. Formaban dicha comparsa las Srts. Carmen y Amelia Villamarín, Pepita y Carmen Domínguez, Lola y Tula Quiroga y María Taboada.
Los trajes eran sencillos, pero elegantes. Los formaban: falda negra adornada con lazos y cintas de color de rosa, de terciopelo, y mantón de manila del mismo color. Sobre la cadera y prendidos en el cabello con lazo rosa ostentaban la simbólica cuchara. El conjunto era encantador, hermoso, sublime y máxime al tener en cuenta las gracias que Venus distribuye entre las estudiantes.
Aunque no reinó la animación que en el anterior baile, resultó lucidísimo, y, sin duda alguna, el elemento joven la reservó para el del martes en el que se hizo espléndida despedida al Carnaval, como se deduce de las desaliñadas líneas que a la referida “soirete” dedico a continuación.
Hasta aquí, mal como pude, fui llegando. Mi pluma tiembla ante la idea, no ya de hacer una verdadera revista de fiesta tan magna, digna de ser escrita por Monte-Cristo, sino de poder detallarla con algún colorido... ¡Pobre es mi ingenio para lo que estas fiestas requieren!.
Grande fue la sorpresa recibida por los que ocupábamos el salón al ver entrar tres elegantísimas máscaras que, con gracia sin igual, lucían vaporosos trajes blancos adornados con profusión de margaritas. Los centenares de estas bonitas flores, tan bien dispuestas, cubrían dichos trajes nos hacen ver la paciencia y tiempo que en su confección tuvo que emplearse. No es de extrañar la estima en que las tenían. Gusto nada vulgar han demostrado las Srts. Lola, Tula y Margarita en la elección de un traje tan original como encantador. Digo encantador por la impresión que causaron en el ánimo de un querido amigo mío que, no pudiendo contener un arranque de entusiasmo, se me acercó diciendo “Son tres hadas”.
La Sra. de Quiroga (D. Juan), sentándose al piano, preludió un divino vals, al compás del que las parejas cruzaban vertiginosamente el salón, siendo interrumpidas por la presencia de nuevas máscaras.
Con unánime entusiasmo, fueron recibidas dos que, con mucha gracia, entraron bailando la alegre muiñeira, al compás de una bonita copla, acompañada de las “cóncharas”, que tanto se usan en las fiestas de las mariñas. Eran dos “mariñás”, representadas por las Srts. Luisa Losada y Benigna Navia, que emplearon muy buen gusto en la confección de tan originales trajes.
Seguidamente penetró en el salón una comparsa de Señoras antiguas; llegando, en este momento, la animación a su grado máximo.
Reducido era el salón para contener a las numerosas personas que, agrupadas en rededor de las máscaras, festejaban las picarescas bromas que, con tanto acierto, supieron dar.
Carmen Villamarín, con su preciosa “toilete” de gro negro, con larga cola (modelo de Sra. antigua) estaba muy hermosa, llevando con soltura y modales eminentemente aristocráticos el característico traje.
No menos rico y elegante era el traje que vestía María Domínguez. Su “toilete” consistía en falda de larga cola con múltiples y caprichosos recogidos, corpiño elegantemente entallado y, sobre la cabeza, artística capota. El aire y distinción peculiar en ella daba mucho realce a su “toilete”. Su potente mirada atraía a cuantos la contemplábamos. Su simpática hermana Pepita vestía, también de dama antigua. El traje era de gro negro, y, sobre el pecho, cruzaba una banda de raso encarnado, que hacía resaltar su hermoso semblante.
Si bella estaba María Taboada con los trajes de manola y tuna, no menos encantadora estaba con el de dama antigua. La esbeltez de su talle se presta de torneado molde a cualquier vestido y máxime el negro como el que el martes llevaba, que hacía resaltar su níveo semblante.
Las Srts. Amelia Villamarín y Carmen Domínguez vestían de sala, y lo mismos las niñas Julia Taboada y Antoñita Torres.
Además las Sras. Que antes he citado, ha asistido la Sra. de D. Vicente Quiroga Vázquez Queipo, no habiendo podido concurrir al del domingo y lunes por encontrarse fuera del País.
Rápidas, muy rápidas pasaron las horas de aquella inolvidable noche del martes, de la que tan gratos recuerdos conservamos los que tuvimos el honor de asistir. La animación no había decaído ni un solo momento, hasta que, señalando las doce el minutero del reloj, nos vino a advertir que el Carnaval de 1896 había terminado.
Pocos momentos después, los convidados nos retiramos altamente satisfechos y sumamente agradecidos hacia los señores de la casa, que, tan galantemente nos habían obsequiado celebrando el carnaval en sus salones.
Fiestas como éstas honran muy, mucho a los Srs. de Sáa, y dan idea de las generales simpatías con que gozan el país”.

Transcrición: Ramón Vila Anca.

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